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¡10 PLANES PARA QUE APROVECHES (DE VERDAD) ESTAS NAVIDADES CON TU HIJO/A!

¡10 PLANES PARA QUE APROVECHES (DE VERDAD) ESTAS NAVIDADES CON TU HIJO/A!

Por Sandra Méndez

Ya falta poco para que lleguen aquellos días en los que parece que sonreír cuesta menos que el resto del año: las Navidades. Y es que es una época en la que la gente se llena de ilusión, gratitud, solidaridad y esperanza. Nuestros hijos la viven con tal entusiasmo que consiguen contagiarnos y hacer que regresemos con nostalgia a nuestra infancia.

Vienen días en los que, por lo general, solemos tener más tiempo libre. Por eso, las Navidades son un buen momento para aprovechar y disfrutar en familia. ¿Todavía no has pensado qué vas a hacer con tus hijos estas fechas? ¡Te proponemos 10 planes genuinamente navideños!

  1. Toca volver a sacar el árbol. Si el del año pasado se os ha quedado viejo, es el momento de hacerse con uno nuevo. Los artificiales tienen la ventaja de durar muchos años. Ya sea uno u otro, habrá que vestirle con esos decorativos y brillantes adornos navideños. Si queréis ser más originales y divertidos, podéis hacerlos vosotros mismos: un poco de cartulina, stickers, brillantina… ¡Todo vale! Montar el belén también es un clásico. Lo que no puede faltar es una escapada al campo para recoger musgo, muérdago, ramas y todo lo que necesitéis para ambientar vuestro belén. Dadles libertad para decorarlo a su gusto. ¡Puede que os sorprendan! Además, podéis mover los personajes e incluir otros nuevos según pasen los días. ¡Será divertido!

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  1. Viene la Navidad y con ella el frío y, cómo no, la nieve. Las actividades son infinitas. Desde hacer muñecos de nieve, hasta poner a punto los esquís o el trineo, para terminar haciendo una guerra de bolas. Pasar un día en la nieve jugando a buscar el rastro de animales o pisadas de personas seguro que les encanta. La originalidad está servida. Un buen abrigo, guantes, gorro, botas y… ¡ya estamos listos!

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  1. Si lo que quieres es desconectar, nada mejor que hacer una escapada. Las hay más cercanas, como el Pirineo de Huesca, donde este año os encontraréis con una divertida temática: En busca del Yeti (deportes, talleres, espectáculos y una gran fiesta para despedir el año). Y más alejadas, como por ejemplo, viajar a Disneyland París para conocer a las princesas de Frozen, el Reino del Hielo; surcar los mares celebrando el Año Nuevo a bordo de un crucero por el Mediterráneo; callejear por la iluminada Praga y perderse entre los conocidos mercados navideños de la capital checa. Para los más atrevidos, os sugerimos poner más tierra de por medio y conocer de primera mano la auténtica casa de Papá Noel en Rovaniemi, la llamada puerta de Laponia. ¡Viviréis vuestro propio cuento de Navidad!

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  1. Pero si eres de los que deciden quedarse en la ciudad, ten por seguro que actividades no te van a faltar. Si os apetece ir al teatro o ver algún espectáculo, tenéis donde elegir: Pocoyó y sus amigos (Teatro Compac Gran Vía), Peter Pan (Teatros del Canal), Los náufragos y la isla perdida (Teatro Quevedo), El libro de la selva: El Musical (Teatro Maravillas), Disney Live! Mickey’s Music Festival (Palacio Municipal de Congresos) o el fenómeno de masas Disney Violetta Live (Barclaycard Center), entre otros. Si de lo que tenéis ganas es de quedaros boquiabiertos con un espectáculo circense, no os podéis perder Navidades en el Price en el Teatro Circo Price de Madrid o el Circo Alegría On Ice, en Palma de Mallorca, ambientado en una isla del océano Ártico.

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Vivirás el clásico Cuento de Navidad, de Charles Dickens, como nunca te lo habían contado, con la ayuda de tres payasos en Navarra, o en forma de musical en Barcelona donde, además, los pequeños podrán disfrutar, como es tradición, de un Cagá Tió Gigante en la Feria de Santa Lucía.

Si lo que buscas son talleres, tienes el del Museo Thyssen, con el que aprenderán cómo viven estas fechas personas de otras culturas; el de Barrio Sésamo en el Centro Comercial Islazul en Madrid, para desarrollar su imaginación; talleres decorativos en el Museo de Historia de Cataluña; la feria de Expojove en Valencia, que regresa un año más con divertidos juegos, o ExploraDomus en A Coruña, donde aprenderán a elaborar diamantes y grafitos con gominolas.

Visitar un belén de arena de proporciones inimaginables en Las Palmas, pasear en burro en plena plaza del Pilar en Zaragoza, o acompañar a los más de 100 pingüinos que darán la bienvenida a Papá Noel estas navidades en Faunia. Como ves, el abanico de posibilidades es amplísimo.

 

  1. Puede que para ti un buen plan se traduzca sencillamente en disfrutar paseando por las iluminadas y principales arterias de tu ciudad. Seguro que a pie de calle encontraréis muchos rincones interesantes y, para combatir el frío, ya sabéis…, ¡nada como un buen chocolate caliente!

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  1. Si sois de los que prefieren cobijarse en casa, ¿qué os parecería hacer vuestro propio Roscón de Reyes? Seguro que a los más pequeños les parece una gran idea eso de mancharse las manos y colocar una pequeña sorpresa en su interior. Aquí la planificación es crucial para conseguir un buen y rico resultado: deberán elegir la receta, reunir los ingredientes y todo el material que van a necesitar, y calcular el tiempo, ¡todo un reto! Masa esponjosa, crujientes almendras y un agradable aroma a azahar… ¿acaso podéis resistiros?

 

  1. Imagino que ya os habréis dado cuenta de lo que les gusta a los niños disfrazarse. Cualquier excusa es buena, pero es que siendo Navidad…, ¡faltaría más! Disfrazarse les ayuda a estimular su imaginación al simular ser un personaje que no son.

 

  1. Patinar sobre hielo, otro clásico. Lo bueno es que en estas fechas podemos encontrarnos con una improvisada pista a la vuelta de la esquina. ¿Qué tal si os calzáis también vosotros los patines?

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  1. ¿Una excursión a las afueras de la ciudad?, ¿y por qué no? Aquel lugar que tenemos siempre ahí, al lado, y sin embargo nunca vamos. Aprovechad para acercaros a ese rincón, pueblecito, reserva de aves, parque natural, sierra (o lo que sea). Un paseo, una comida y seguro que descubrís algo con lo que no contabais.
  2. Por último, no podía faltar y más con niños: ¡sesión de cine! Las Navidades son una buena fecha para estrenar películas, sobretodo infantiles: Los pingüinos de Madagascar, Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, Ninja Turtles, Big Hero 6, Stand by me Doraemon, Noche en el museo: el secreto del Faraón, y Paddington, entre otras. Como veis, las carteleras se llenan de opciones en estas fechas. Un plan perfecto que seguro conseguirá arrancar una sonrisa a los más pequeños de la casa (y puede que a los no tan pequeños…).

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Aquí tenéis las ideas, ¿qué tal si pasáis a la acción?

Publicado en: Blog de Gomins, Familia, Planes y Actividades

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Mi hijo/a está estresado/a

Por Sandra Méndez

“…no descansa lo suficiente. Duerme mal por las noches”, “protesta por todo, salta a la primera…”, “…cada vez le cuesta más concentrarse”. Hoy en día, los niños están sobreestimulados. Son muchos los recursos y la información que tenemos a nuestro alcance. Suelen estar siempre ocupados haciendo cosas y no saben estar sin hacer nada, simplemente descansando. La mayoría de ellos no duerme lo suficiente y van acumulando un cansancio tal que les impide rendir lo necesario, tanto en el colegio como en su vida personal. Cuando estamos cansados, solemos perder nuestro buen humor, la paciencia y hasta la capacidad para concentrarnos. Los niños no son una excepción.

Es importante que jueguen, sean activos y liberen energía, pero también necesitan momentos de relax en los que calmarse, relajarse y descansar. Muchos no tienen los recursos necesarios para ello. Por eso, hay que enseñarles cómo hacerlo. En los más pequeños, la relajación se inicia básicamente como un juego. Pueden aprender a relajarse mediante actividades que promueven la tranquilidad y disminuyen el estrés y la ansiedad.

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Si enseñas a tu hijo/a a relajarse desde pequeño/a, acabará convirtiéndolo en un hábito que le será de mucha utilidad en su día a día. A medida que vaya creciendo, tendrá un recurso más para poner en marcha cuando necesite disminuir tensiones, reaccionar con calma y afrontar con mayor eficacia situaciones que le generen estrés.

¿Qué puedo hacer para que aprenda a relajarse?

Te damos algunas claves:

  • Trata de buscar un momento tranquilo para estar juntos. Sin prisas, sin interrupciones.
  • Utiliza un tono de voz bajo, calmado. No hay lugar para los gritos.
  • Buscad un lugar agradable y colocaos en una postura en la que estéis cómodos, ya sea tumbados o sentados.
  • Utiliza una luz tenue, suave. También puedes emplear velas.
  • Ponle una música relajante (el sonido de las olas del mar, la lluvia, etc.).
  • Cerrad los ojos y viajad mentalmente al lugar que más calma os produzca. Si no imagina ninguno, descríbele con detalle un lugar relajante durante unos minutos.
  • Respirad profundamente unas cuantas veces.

Como ves, el contexto es fundamental para propiciar la relajación. Estos son sólo algunos trucos que nos sirven para que se familiarice con ella. Si quieres conocer los juegos que utilizamos para los más pequeños, descárgate el videojuego Gomins, con el que podrás evaluar a tu hijo/a y Gomins Viewer for Parents para tener acceso a todos estos recursos. Encontrarás más de 200 actividades para jugar en familia mientras mejoras la Inteligencia Emocional de tu hijo/a.

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Superdotados, un cerebro por atender

Por Ángel Peralbo

Muchas veces nos olvidamos de esos críos que parece que lo saben todo y que lejos de ser así, es frecuente incluso que en realidad necesiten más atención, recursos y estrategias para su adecuado desarrollo, en un mundo que les exige como al que más y que crea unas altas expectativas sobre quien presupone que por tener un coeficiente intelectual de más de ciento treinta ya lo tiene todo hecho.

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Si nos atenemos a lo que ocurre al principio, vemos que en muchos casos los padres asisten a la paradoja de que a pesar de que su hijo es muy inteligente, lo que les dicen desde el centro educativo es que no atiende, que no quiere trabajar, que lo que quiere hacer es solo lo que decide hacer, etc. Son muchos los niños que aún siendo muy talentosos no sincronizan su potencial con el ritmo esperado en clase y lejos de destacar y conseguir los objetivos curriculares de forma adecuada, no arrancan o lo hacen en dirección contraria o en el mejor de los casos, brillan frente a lo que les gusta y fracasan en relación a lo demás. Utilizo deliberadamente la palabra “fracasan” porque se utiliza frecuentemente y lo hago para recalcar que debería de estar prohibida o al menos, su uso tendría que permitirse exclusivamente a partir de cierta edad, quizá en torno a los ochenta y cinco años, edad a la cual se podría empezar a hablar de fracaso y esto es cuestionable incluso. Considero que es un término que apunta demasiado a la idea de “no haberlo conseguido” frente a lo que pienso que en realidad debería dirigirse, la idea de que aún está en proceso de conseguirlo y hay que buscar la manera de que así sea”. Pero se denomine de una forma u otra, la cuestión es que en muchos de estos casos el sistema no funciona y es esa una primera etapa a la que en mi opinión, hay que atender de manera prioritaria.

¿Cuándo podemos saber si se trata de un niño superdotado?

La idea es que en cuanto tengamos sospechas de que puede ser así o por supuesto, cuando aparezcan dificultades que indiquen una falta de adaptación al ritmo esperado, es conveniente hacerle un estudio para conocer con la adecuada precisión, su potencial y sus capacidades y así poder plantearnos qué recursos son los más adecuados para poder solucionar los problemas que se estén evidenciando y facilitar un desarrollo, tanto académico como personal, en la línea de lo que necesite. Y una vez más aquí es necesario que hagamos un esfuerzo por liberarnos de ideas como: “es pronto para saber su potencialidad, hay que esperar” o “ya se motivará, paciencia”.

Cuánto antes sepamos, antes actuaremos en consecuencia.

Esperando, esperando, en mi experiencia con adolescentes que no consiguen unos buenos resultados, en muchas ocasiones ni siquiera “unos mínimos resultados” veo un importante porcentaje de ellos que ni siquiera conocen sus capacidades, más allá de unas evaluaciones colectivas donde el resultado ha sido: “es un chico/a listo/a”. Esto sí que es un fracaso, pero del sistema que permite que el adolescente esté desorientado y que lo único que reciba es la vaga idea de: “es un vago y en realidad no trabaja porque no le gusta o no quiere”. Obviamente en ciertos casos es así pero los profesionales no tenemos ninguna duda a la hora de identificarlos, por lo que sorprende más que estos casos lleguen a los catorce años en esas condiciones.

Cuando ellos y ellas conocen cuál es su potencial, cuando los padres empiezan a encajar las piezas del puzzle y consiguen entender lo que durante algún tiempo han intuido y cuando los educadores tienen un informe que les ayuda a comprender lo que de verdad ocurre, sin juicios aproximados ni intuiciones sin rigurosidad, las cosas comienzan a ir en la adecuada dirección.

¿Qué podemos hacer en esta etapa?

Una vez que conocemos bien la potencialidad del niño/a ya podemos buscar los recursos formativos, como cuando conocemos la talla que usamos que buscamos una prenda y por mucho que nos empeñemos si no damos con ella o no entra o sobra. Y me refiero tanto a recursos educativos como familiares o sociales.

En cuanto a recursos educativos no nos podemos quedar en la idea tan primaria de que si es tan bueno el chico/a cómo que no llega al nivel de la clase? Hemos de plantearnos por qué ocurre esta cuestión de tal manera que a nada que lo enfoquemos en esa dirección descubriremos las razones para que se aburra o para que llame la atención constantemente o para que presente problemas frecuentes de conducta. De igual forma que no dudamos a la hora de plantear ayudas y refuerzos escolares para los alumnos que no llegan será importante ajustar el nivel de exigencia para estos otros.

En cuanto a recursos familiares, he de decir que por experiencia el solo hecho de que los padres conozcan bien las características de su hijo, ayuda mucho a ajustar las expectativas y tranquiliza bastante, si bien, no es suficiente para que sepan manejar las diferentes situaciones típicas que se les pueden presentar y mucho menos para aprender a entender y sobre todo a tratar a sus hijos que tienen estas características. Por ejemplo, uno de los grandes hándicaps que presentan los niños/as superdotados es que frecuentemente sienten que no les entienden y se sienten “raros”. Pues bien, para los padres es importante la asistencia a talleres donde les expliquemos estas y otras cuestiones ligadas a la superdotación.

Por último es importante hacerse cargo de las dificultades que a nivel social les puede suponer el tema y así es frecuente que puedan tener diferencias con sus compañeros de clase, dados los distintos intereses que pueden presentar y las diferencias precoces que se pueden observar. Esto se puede traducir desde la falta de amigos hasta tenerlos pero pocos. Algo también que me encuentro frecuentemente con algunos adolescentes superdotados es que sus padres se quejan de que no salen o de que apenas tienen amigos. Y la cuestión es que durante años lo que han hecho, puesto que también son bastante selectivos, es que mantienen dos o tres amigos y piensan que ya les sobra, por lo que no sienten ninguna necesidad de relacionarse a mayor escala. Aquí nuevamente hay que apelar a la idea de intervenir cuanto antes y el mejor recurso sin duda es el taller de habilidades sociales donde les ayudamos a mejorarlas junto a compañeros y compañeras de su misma edad. Me gustaría incidir en la idea, a mi juicio equivocada, de que los niños superdotados no tienen empatía o cosas por el estilo. En realidad sí pueden tener en ocasiones una alta sensibilidad social pero pronto aprenden a detectar diferencias que muchas veces perciben como rechazo o incomprensión por parte de los demás y desarrollan cierta protección, lo que supone un alejamiento progresivo de las relaciones sociales convencionales, más allá de los que identifican como ellos/as, con quienes sí se suelen relacionar más y mejor. Hay que devolverles y entrenarles en el uso de estrategias sociales eficaces y adaptativas para que se puedan relacionar con éxito y así puedan tener un desarrollo adecuado y positivo.

 

Será una etapa en la que nos tenemos que encargar de que sean felices, tengan éxito y se preparen para su futuro desarrollo profesional en el que las empresas también se tendrán que hacer cargo de las necesidades que puedan tener y de lo que de ellos puedan esperar, que resulta ser altamente interesante.

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Adolescencia: ¿Por qué esta etapa es tan difícil?

Por Aroa Caminero

Que la adolescencia es la edad del pavo es un tópico, pero lo que sí es un hecho es que la adolescencia es un periodo más difícil que el resto de etapas vitales en el que suele haber más problemas que en otras edades.

Aunque la regla general es que la mayoría de los adolescentes termina desarrollándose adecuadamente y se convierten en adultos bien integrados en la sociedad, la evidencia científica ha demostrado que durante esta etapa aumentan significativamente los conflictos con los padres, la INESTABILIDAD EMOCIONAL y las conductas de riesgo.

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¿Por qué ocurre esto?

Existen algunos factores neurobiológicos que explican porque ocurre esto durante la adolescencia:

  • La corteza prefrontal del cerebro (la que se sitúa justo donde tenemos la frente), es la encargada –entre otras cosas- de: controlar los impulsos, planificar y anticipar el futuro, tomar decisiones y de regular nuestras conductas y nuestras emociones. Los estudios científicos realizados con resonancia magnética han demostrado que la corteza prefrontal no termina de desarrollarse hasta la adultez temprana, por eso es normal que en la adolescencia, las funciones que dependen de ella estén limitadas. La maduración de este circuito depende de la edad y del aprendizaje del adolescente, de modo que es a partir de los 16-18 años cuando las capacidades cognitivas ya son iguales a la de los adultos.
  • Además de lo anterior, durante la adolescencia, el circuito cerebral socioemocional que está relacionado con las emociones, los impulsos, la motivación y las recompensas, se encuentra sobreexcitado porque está influido directamente por la mayor producción hormonal que se produce durante la pubertad. Esto provoca que durante esta etapa haya un exceso de emotividad, de impulsividad, de búsqueda de sensaciones, de novedades y de gratificaciones inmediatas.
  • El desequilibrio existente entre la mayor activación del circuito afectivo y la maduración más lenta de la corteza prefrontal, provoca un “hambre de sensaciones” y una mayor intensidad emocional que no están lo suficientemente controlados.

Por otro lado, existen variables ambientales que también influyen sobre la mayor problemática adolescente:

  • Las mejoras socioeconómicas, en la alimentación y sobre todo, en sanidad, han conseguido adelantar la maduración hormonal (no así la cognitiva) y esto provoca que los jóvenes tengan menos cantidad y calidad de experiencias previas antes de la adolescencia;
  • La pubertad precoz hace que desde más jóvenes ya estén siendo influenciados por el grupo de iguales en su conducta, valores, intereses, etc. (que está integrado a su vez por chavales con menos experiencias previas);
  • Cambios en la estructura de las familias: debido por ejemplo, a cuestiones económicas muchos padres trabajan más y pueden supervisarles menos;
  • Nuevas tecnologías de la información: permiten difundir las ideas, valores e intereses de los adolescentes de un modo más rápido y globalizado;
  • Aumento del poder adquisitivo de los adolescentes: a pesar de la crisis, muchos adolescentes tienen más acceso que antes a ofertas de ocio que pueden ser perjudiciales, etc.

¿Qué podemos hacer para disminuir la problemática adolescente?

No existe evidencia científica de que la intervención psicológica con los adolescentes cambie los circuitos cerebrales y el grado de maduración cerebral. Sin embargo, la intervención psicológica sí influye directamente en una modificación del ambiente que rodea a los adolescentes y en un aprendizaje de habilidades y estrategias socioemocionales que favorecen la estabilidad emocional en esta etapa.

Por ello, la adolescencia es una etapa ideal para aprender a mejorar el autocontrol conductual y emocional, la racionalidad, el autoestima y la seguridad personal, las relaciones sociales, etc. con el objetivo de que los chavales tengan las herramientas necesarias para enfrentarse con mayor facilidad a esta etapa vital.

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¿Por qué nos preocupamos las mamás?

Por Sandra Méndez

Tener un hijo no es fácil, y quien diga lo contrario, una de dos: o se engaña a sí misma o todavía no ha pasado por la apasionante y agotadora tarea de ser madre.

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Son muchos los cambios que implica en nuestras vidas, desde la distribución de la casa, hasta la agenda del día, pasando por la organización de las comidas. Pero no debemos olvidar que, además de ser una gran responsabilidad, supone un gran cambio en nuestras prioridades. Dejamos de ocuparnos de nosotras mismas (o al menos como solíamos hacer antes) para empezar a dedicarnos a tiempo completo de un nuevo, curioso y dependiente animalillo al que se le da muy bien hacer ruiditos con todo lo que se le ocurre.

Ser mamá supone una transformación tan extraordinaria que modifica nuestro cerebro incluso antes del parto. Según un estudio científico sobre células madre y el vínculo de apego en el cerebro de la mujer, dirigido por la doctora López Moratalla, catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra, la fuerte inclinación que siente la madre hacia el cuidado y protección del bebé podría tener una explicación biológica. Nuestro cerebro cambia para dar respuesta a las necesidades del pequeño y el vínculo de apego se refuerza más tarde gracias a la liberación de oxitocina (la llamada hormona de la confianza) que se produce en el parto y durante la lactancia.

Vivimos en un tiempo en el que la baja por maternidad la experimentamos como un periodo en el que nos sentimos obligadas a alcanzar unos objetivos concretos o, de lo contrario, es probable que terminemos sintiéndonos culpables al pensar que no hemos dado la talla, por mucho amor e ilusión que hayamos ido sembrando en el camino. Aunque parece que la figura del padre comienza a estar menos ausente en estas primeras etapas del desarrollo del niño, todavía sigue siendo una asignatura pendiente. Aquí entra en juego la interminable batalla por la conciliación laboral y familiar, un difícil equilibrio que algo tendrá que ver con el preocupante descenso de la natalidad en España.

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Hoy en día, tal y como están las cosas, tener un hijo ha acabado por convertirse en un lujo que muchas no podemos permitirnos si ello conlleva la posibilidad de perder nuestro estatus profesional, algo que quizás no preocupe ya tanto a las trabajadoras de Apple y Facebook.

Lo que sí nos sigue preocupando a las madres (y mucho) es no dedicar a nuestros hijos el tiempo que deseamos o consideramos necesario, especialmente en sus primeros tres años de vida. Parece que nunca nos es suficiente.

Y no solo eso.

Además queremos que el tiempo que pasamos con ellos sea de calidad, sin gritos, sin peleas ni rabietas. Deseamos hacerles felices por encima de todo. Este ingrediente batido y bien mezclado con un chorrito de poco tiempo acaba convirtiéndose en el cóctel perfecto para darles o dejarles hacer todo lo que quieren. No debemos confundir la permisividad con la felicidad. Si queremos que nos sigan respetando y obedeciendo según vayan creciendo, debemos establecer normas y límites acordes a su edad. De esta forma aprenderán a valorar más las cosas que les rodean.

Otro aspecto que suele quitarnos el sueño y mantenernos en guardia es la salud y el bienestar de nuestro hijo, la posibilidad de que enferme, de que no coma o duerma bien, o de que le ocurra algo desagradable. Son miedos que nos acompañan de manera natural y biológica; sin embargo, no podemos obsesionarnos con ellos y dejar que se conviertan en irracionales. No obstante, mucho me temo que esta preocupación (en dosis moderadas) que viaja en nuestros genes de manera incansable no tenga la intención de abandonarnos jamás.

Por otro lado y considerando el panorama económico mundial, no es de extrañar que el dinero, o mejor dicho la falta del mismo, haya pasado a ser una de las principales preocupaciones de las madres y familias de todo el mundo. Sin embargo, y exceptuando aquellos casos extremos (que desgraciadamente existen) no podemos caer en la trampa de justificar todo debido a la precariedad. Si bien es cierto que tener más dinero equivale a tener más oportunidades, afortunadamente educar con amor y respeto sigue siendo gratis.

Como vemos, ser madre se convierte en una ardua tarea en la que nos exigimos (y peor aún, nos exigen) para ayer.

Permíteme un consejo: cambia de gafas, deja las que te hacen ver con facilidad tus errores por aquellas que te enseñan a valorar más tus logros, que no son pocos.

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Cómo ayudar a los niños a aceptar la decepción

Consejos para que los niños puedan superar una desilusión

Por Aroa Caminero

La vida está llena de altibajos y desde muy pequeños, los niños también sufren pequeñas decepciones en su vida diaria: el columpio del parque está ocupado, un amiguito no quiere compartir sus juguetes, un puzzle que no le sale, haber perdido en un juego, etc…

La decepción es un sentimiento normal que surge cuando las cosas no ocurren como nos gustarían y que forma parte del proceso de aprendizaje y de desarrollo de las personas. Por ello, para su correcto desarrollo emocional, es imprescindible que dejemos que los niños experimenten el sentimiento de frustración desde pequeños para que aprendan a ser capaces de manejar las decepciones que sufrirán el resto de su vida.

Cómo enseñara los niños a aceptar la decepción

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Para que los niños aprendan a aceptar cuanto antes la decepción, podemos llevar a cabo las siguientes pautas básicas:

Ayúdales a establecer expectativas realistas, ya que no es bueno dejar que se hagan ilusiones sobre cosas que no estamos seguros de sí ocurrirán de la forma que desean: ‘puede que tu amiguito Carlos no te deje el muñeco ahora aunque se lo pidas por favor’.

Enséñale a reconocer la decepción y a aceptarla. Explícale que es algo normal que nos sintamos mal cuando algo no sale como nos gustaría, diciéndole cosas como: ‘es normal que te moleste que Carlos no te deje el muñeco porque llevabas toda la tarde esperando para jugar con él’.

Sugiérele posibles soluciones alternativas. Es importante que vea que cuando las cosas no ocurren como quiere, hay otras opciones: ‘que te parece si mientras Carlos juega con el muñeco,tú juegas a tirarte por el tobogán’.

– Hazle ver el lado positivo de la situación. De prácticamente todas las decepciones se aprende y podemos entrenarles desde pequeños a que saquen la parte positiva de ellas: ‘¿lo ves?, aunque no has jugado con el muñeco te lo has pasado genial en el tobogán y te has hecho amiguito del niño que estaba allí’.

– No permitas que la decepción se convierta en una rabieta. Los niños tienen que aprender a controlar su frustración de un modo progresivo, así que cuando descarguen su decepción en forma de ataque de ira o de pataleta, les retiraremos toda nuestra atención para que aprendan que así no consiguen nada.

Refuérzale mucho cuando acepte de forma adecuada una decepción. Este será un momento perfecto para darle muchos abrazos y mimos y para hacerle mucho caso.

Aprende a gestionar adecuadamente tus propias desilusiones delante de los niños. La principal fuente de aprendizaje de los niños son los modelos adultos y tienden a copiar su comportamiento, tanto el positivo como el negativo.

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Cómo estimular la memoria en bebés

Por Aroa Caminero

Juegos y actividades para estimular el aprendizaje y la memoria

La memoria es la capacidad que tenemos para retener información y disponer de ella cuando la necesitamos. La memoria surge desde el momento del nacimiento, aunque de forma no consciente y va evolucionando a medida que crece el bebé.

Memoria y aprendizaje van de la mano, por ello, es muy importante estimularla desde que son muy pequeños adaptándonos a la etapa evolutiva en que se encuentran, ya que muchos de los estímulos que reciba el niño quedarán almacenados en su memoria para siempre.

Consejos para estimular la memoria en la primera infancia

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– Establece un apego seguro atendiendo sus necesidades con afecto pero sin sobreprotegerle. Aumentará su seguridad y su autoestima y por tanto, también su disposición hacia los aprendizajes.

– Establece rutinas de alimentación, descanso, higiene y juego desde el nacimiento.

– Juega con tu bebé al cucú-tras aprovechando momentos como el vestirle (permanencia del objeto).

– Escóndele juguetes para que los busque utilizando todo tipo de materiales y texturas (cajas, papel de regalo o papel de plata, enterrar objetos en arena, etc) para estimular también todas las modalidades sensoriales(visual, táctil, auditiva).

– Aprovecha cualquier oportunidad para mostrarle objetos y situaciones nuevas, repitiéndole sus nombres o explicándoselas para aumentar también su vocabulario. Si ya sabe hablar, pídele que sea él quién los nombre.

– Los puzles sencillos y los juguetes de apilar y encajar favorecerán su memoria visual y espacial.

– Cántale canciones (los niños aprenden mejor a través de las canciones) y léele cuentos mientras él los hojea, ya que le ayudará a identificar objetos y situaciones, así como a desarrollar el razonamiento lógico y temporal.

– Favorece su autonomía y la búsqueda de soluciones propias a sus ‘pequeños’ problemas para favorecer su capacidad resolutiva (por ejemplo, permítele que se las apañe solo para conseguir un juguete al que no llega antes de dárselo directamente.

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La memoria en niños de 0 a 2 años

Por Aroa Caminero

Cómo se desarrolla la memoria durante la primera infancia

Podríamos definir la memoria como la capacidad para retener información, ordenarla y hacer uso de ella en el momento en que la necesitamos. Es lógico pensar pues que la memoria y el aprendizaje están estrechamente relacionados si entendemos el aprendizaje como la adquisición de nueva información para su uso y aplicación en nuestra vida cotidiana. Pero, ¿cómo evoluciona la memoria desde que el bebé es recién nacido hasta que cumple 2 años?

La memoria en la primera infancia

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Desde el momento del nacimiento ya está presente la memoria implícita, es decir, aquella que registra y almacena la información de un modo no consciente y que será la responsable de la formación en el niño de ‘modelos mentales’ que guiarán sus actuaciones en un futuro, Así ocurre, por ejemplo, con la construcción del vínculo afectivo a través de la repetición de interacciones con el padre o la madre.

Antes de los 9 meses, los niños son capaces de imitar gestos de los adultos cuando los tienen delante y a partir de esa edad (memoria de imitación), los niños pueden imitar recordando gestos que no tienen delante. A esta edad, los niños también son capaces de anticipar el futuro basándose en experiencias del pasado reciente, por ejemplo, si nos ven cogiendo el carrito sabrán que vamos a salir de paseo.

A partir también de los 8 meses, los niños empiezan a desarrollar la capacidad de resolución de problemas, es decir, a ser capaces de utilizar medios para alcanzar fines. Esto depende también de la capacidad de memoria de trabajo, que a esta edad nos permite usar un sólo medio, por ejemplo, utilizar un sonajero para atraer otro juguete hacía sí mismo.

– Entre los 8 y los 10 meses, los niños adquieren la permanencia del objeto, es decir, la representación de que los objetos existen aunque no los percibamos. A esa edad ya tienden a buscar un objeto que hemos escondido delante suya mientras que antes no lo hacen. La permanencia del objeto constituye la base de la memoria de trabajo, que será aquella que nos permita mantener información mentalmente y trabajar con ella para realizar operaciones complejas como el cálculo mental.

Durante el primer año de vida también empieza a desarrollarse la memoria de reconocimiento, que es aquella que les permite reconocer objetos, personas y situaciones que ya se han visto antes, y que puede relacionarse por ejemplo, con el miedo a los extraños que suele darse en esta etapa.

En esta etapa, los niños también empiezan a desarrollar la memoria semántica, que se refiere a la memoria general, al aprendizaje de los hechos sobre el mundo y a los conocimientos adquiridos, teniendo un papel fundamental en la adquisición del lenguaje durante esta etapa.

A los 18 meses, los niños ya empiezan a recordar acontecimientos en un determinado orden espacio-temporal y emerge la imagen de sí mismos.

A los dos años, los niños no son sólo capaces de reconocer objetos o situaciones familiares sino que ya pueden nombrarlos.

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Cuando los niños no quieren hablar

Por Aroa Caminero

Qué es el Mutismo selectivo en los niños

Podemos definir el mutismo selectivo como la dificultad que presentan algunos niños y niñas cuando tienen que comunicarse verbalmente en situaciones que son poco familiares para ellos o cuando tienen que hacerlo con personas poco conocidas.

Los niños con mutismo selectivo tienen una capacidad lingüística y comunicativa adecuada para su edad, pero limitan su comunicación oral a personas muy íntimas y a situaciones muy específicas. Es decir, que en estos niños las dificultades para comunicarse no se deben a trastornos del lenguaje ni a cualquier otro trastorno del desarrollo, sino que el mutismo es una estrategia aprendida para evitar situaciones en las que tienen que hablar y que les generan ansiedad. Por ello, suelen compensar utilizando medios de comunicación alternativos como cuchichear al oído, hacer gestos, muecas, sacudidas de cabeza, empujar para pedir algo…

Por qué se produce el mutismo selectivo en los niños

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En la aparición y desarrollo del mutismo selectivo influyen distintas variables como:

Variables propias del niño: timidez, retraimiento social, dependencia, vulnerabilidad a la ansiedad, falta de habilidades sociales, etc.

Variables ambientales relacionadas con el contexto del niño: estilo educativo sobreprotector o autoritario de los padres, bajo nivel de sociabilidad o aislamiento familiar, apego excesivo de la madre, inadecuados modelos de relación interpersonal, experiencias sociales traumáticas, perfeccionismo familiar o escolar, etc.

Todas estas variables aumentan la probabilidad de padecer el mutismo, pero el trastorno suele desencadenarse cuando hay en la vida del niño un acontecimiento vital estresante, apareciendo especialmente con el inicio de la escolarización.

Por qué se mantiene el mutismo selectivo en los niños

Una vez que aparece el problema del mutismo selectivo, el trastorno se mantiene en el tiempo debido fundamentalmente a dos condiciones:

– A que estos niños suelen tener un exceso de atención por parte de los adultos que le rodean, así como un exceso de protección o acomodación a la forma alternativa en que se comunican, lo que refuerza el mutismo.

– Por otro lado, los otros niños suelen retirarles completamente la atención, lo que provoca que se reduzcan las interacciones con iguales, agravando la situación de aislamiento social.

Publicado en: Blog de Gomins, Familia, Inteligencia Emocional

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Como ayudar a los niños que dejan de hablar

Por Aroa Caminero

Consejos para tratar a los niños con mutismo selectivo

Hay niños que de repente dejan de hablar, de un día para otro. Sin aparentes razones. A este trastorno se le conoce como Mutismo selectivo. Suele suceder cuando el niño quiere huir de una situación o de personas que le generan etrés o ansiedad.

En el caso de que esto ocurra, ¿qué pueden hacer los padres para ayudarle? Aquí tienes algunos consejos para ayudar a tu hijo a que vuelva a hablar y pierda todos sus miedos.

Cómo ayudar a los niños que se niegan a hablar

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Los niños y niñas con mutismo selectivo suelen mostrar un elevado nivel de sufrimiento emocional y presentan problemas de adaptación importantes a nivel personal, académico y sobre todo a nivel social. Por ello, es importante que les ayudemos a superarlo. Así, debemos:

1. Evitar actitudes de sobreprotección: no justificar al niño ante los demás, no expresarle comprensión ni insistirle o presionarle para que responda. Así sólo dedicamos un exceso de atención al problema y reforzamos el mutismo.

2. Evitar actuaciones que puedan mantener el comportamiento del niño: no dar por válidas respuestas gestuales, no darle la posibilidad de responder de otra forma no verbal, no permitir que otros pidan cosas por él, etc.

3.No amenazarle con consecuencias negativas como castigarle, decirle que va a repetir curso… No compararle con hermanos, compañeros u otros niños.

4. Enseñar al niño formas adecuadas de iniciar y mantener interacciones verbales con otros: cómo saludar, como pedir jugar, cómo acercarse…

5. Planificar situaciones sociales en las que estén presentes las personas con las que habla el niño habitualmente y personas con las que no, hasta conseguir que poco a poco hable con ellos.

6. Reforzar el círculo de amigos que tiene el niño y ampliarlo, aumentando también el control del adulto sobre las interacciones del niño con sus iguales para evitar que se quede aislado.

7. Ayudarle a integrarse progresivamente con otras personas: por ejemplo, podemos acercarnos con el niño a un grupo de otros niños y jugamos con ellos un rato hasta que el niño se integre y luego, nos vamos retirando poco a poco.

8. Ayudarle a soltarse realizando actividades de habla enmascarada: hacer juegos en los que haya que hablar pero sin que se le vea la cara como títeres, marionetas, hablar por teléfono dentro de una casita, juegos de hablar al oído…

9. Reforzar positivamente las aproximaciones verbales del niño hacia otras personas (tanto niños como adultos): le felicitamos por hacerlo, le comentamos las ventajas de jugar con otros niños y de tener amigos…

10. Buscar ayuda profesional lo antes posible para evitar la prolongación del problema y para realizar una completa evaluación del caso y diseñar el mejor programa de tratamiento para cada niño.

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